La primera vez


Carta de un bailarín principiante

Recuerdo muy bien mis primeros intentos por bailar salsa. Yo entrenaba con pesas en un gimnasio, que además del consabido aerobics tenía clases de baile. En realidad se trataba de una especie de cardiosalsa adaptada de pasos que el instructor decía que eran cubanos. Su método de enseñanza que era muy similar al del instructor de aerobics: se paraba enfrente del espejo del salón y ponía su coreografía. Si podías coger el paso bien y si no podías era tu problema.

La proporción de mujeres a hombres era de 15 a 1. Algunas llevaban meses en esa clase y ya se sabían las rutinas, así que poco a poco fui logrando seguir algunos de los pasos. Era un buen ejercicio y había personas interesantes en el grupo así que me quedé, aunque me sentía ridículo haciendo esos pasos.

Al mes de entrar al curso salió el tema de ir a bailar. El instructor le andaba echando los trastos a una de las chicas, así que se formó un pequeño grupo para ir a una Sala de Baile; era la primera vez que iba. Fue una noche muy interesante, dispuesto a aplicar todo lo aprendido, conduje a una de mis compañeras a la pista, y no pude dar ni una sola vuelta. La música era diferenta a la usada en clase, y yo veía a varias parejas dando vueltas chulísimas y complicadísimas. Al principio pensé que con unos cuantos meses más de clases podría hacerlas también, pero luego ví que el instructor cubano tampoco podía dar vueltas.

No regresé a su clase. Esa noche decidí que yo quería bailar como los tipos que había visto, así que les pedí que me enseñaran. Solo uno de ellos me dio algunos tips. Otros eran muy envidiosos y no querían que les copiaran sus pasos y otros simplemente no sabían explicar cómo los hacían.

En ese entonces en mi ciudad no había muchas opciones. Aparecía un curso de vez en cuando y yo me apuntaba en todos. Cada uno tenía su manera de bailar y su manera de enseñar, que muchas veces era totalmente incompatible con los demás. Esto es, para poder hacer sus pasos tenías que bailar con una muchacha de su grupo, porque ninguna otra se lo sabia.

Si estas tratando de aprender a bailar en pareja, busca a alguien que en realidad salga a bailar. Es sorprendente el número de maestros que no van a bailar. Hay un coreógrafo muy famoso que ni siquiera le gusta bailar.

No todos los bailarines son buenos maestros. Una de las motivaciones que impulsan a una persona a estar en el escenario es convertirse en el centro de la atención. Muchos bailarines -y coreógrafos- se sienten muy cómodos en sus rutinas, pero no tienen la paciencia para explicar desde lo básico. Te recomiendo que veas la pelicula “La lección de Tango” con Sally Potter y Pablo Verón, donde esta situación se describe muy bien.

Además de tomar las clases, asegúrate de practicar por tu cuenta. Yo cuando tomaba clases particulares practicaba 5 horas lo aprendido en cada clase antes de tomar la siguiente. Y, por supuesto, ve a bailar en cada oportunidad que tengas. Todos nos sentimos torpes al principio, pero el avance se da en la pista de baile, no en el salón de clases.

Fdo: Un bailarín

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